Vivir en la frontera serbia, soñar con vidas de paso

Por Inés Villodre
Fuente: fotomovimiento

Ha llegado el fin del verano, y con él llega de nuevo el frío y la herida europea a la Ruta de los Balcanes. Desde 2016, esta zona se ha convertido en una de las zonas calientes con flujos migratorios más propensas a las devoluciones en caliente y a la violencia policial de forma continua. En estaciones de tren y naves a las afueras a lo largo de Serbia y Bosnia, en los bordes cada vez más gruesos que se han constituido como fronteras, caravanas de migrantes venidos desde Pakistán, Afganistán, y otros países de Oriente Medio barridos por la guerra o el terrorismo, se refugian con el único sonido del crepitar del fuego de escombros ardiendo, agua caliente cayendo sobre la nieve y las sirenas de la policía húngara que los amenaza desde la otra parte del bosque de Tavankut, en la frontera serbo-húngara, llamándolos terroristas y riendo a mandíbula batiente.

Sobre este mismo contexto funcionan dos documentales diferentes; El sueño europeo: Serbia e Invierno en Europa nominados al Goya en 2020 y 2019, respectivamente. Ambas abarcan la herida migratoria desde el lugar y el no-lugar, desde el lugar estanco y el lugar de paso, que hemos visto presente siempre en la dinámica migratoria, pero especialmente acentuada en los Balcanes. El juego entre vivir la legalidad en campos de refugiados que están pensados para ser temporales y terminan siendo perpetuos, o la vida ilegal perpetua sobre lugares que no están pensados para ser habitables. O de ser rechazados por las autoridades o los propios habitantes de las zonas donde se crean esos asentamientos.

«El sueño europeo», cortometraje del fotoperiodista Jaime Alékos, abarca desde los testimonios de caravanas de migrantes en Serbia, los tratos vejatorios que se han repetido en esta ruta de forma continuada por las autoridades fronterizas húngaras. La frontera entre Croacia, Hungría y Serbia es un punto caliente de violencia, tal y como viene recogiendo desde 2016 el observatorio fronterizo Border violence monitoring network compuesto por numerosas asociaciones que trabajan en la ruta balcánica y que han recogido más de 60 testimonios solo en esa zona. Invierno en Europa, la obra de Polo Menárguez, hace una ampliación del contexto húngaro con las declaraciones de László Toroczkai, alcalde de una de las localidades más cercanas a la frontera con Serbia y artífice del primer muro fronterizo, además de contar con una milicia que patrulla el borde para expulsar a quienes entran de forma ilegal en el país.

Ambos documentales reflejan una realidad desde ópticas más o menos lejanas, en las que confluye el abandono total a su suerte a quienes sobreviven fuera de los campos de refugiados, y las consecuencias de la llamada «externacionalización de fronteras» practicada por la UE. En un artículo para el Instituto Español de Estudios Estratégicos, el Comandante del Ejército del Aire, Antonio Poncela, refiere que a través de las condiciones actuales «se produce la constante multiplicación de las redes transfronterizas, lo que lleva a la competición entre las distintas normas que existen a uno y otro lado de la frontera» lo que es aprovechado en muchos casos para las devoluciones en caliente o el juego de la cadena de responsabilidad sobre las competencias migratorias. Si algo ha puesto de manifiesto desde la extensión de la pandemia por Covid-19 es la existencia de las fronteras, elementos jurídicos que en Europa se hicieron difusos con el acuerdo de Schengen al emborronar las fronteras entre los países integrantes de la UE, y que se han ido fortaleciendo en países donde se han “externalizado”.

Hablar de fronteras es como hablar de piedras en el camino; las mismas que lo crean son las que lo endurecen. El mismo hándicap que deja fuera de fronteras europeas a migrantes es el mismo que los retiene, como ha podido verse en los campos ardiendo de Moria, y la solución de reubicación en un campo de las mismas características. Atrapados en medio de Europa, soñar es lo único que permite imaginar un mundo que se mueve, mientras grupos de migrantes en la zona balcánica siguen esperando en estaciones de trenes que no van a ningún lugar.

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