El dios de la pequeñas cosas

Por Marta Cigliutti

Reseña del libro El dios de las pequeñas cosas, Arundhati Roy (1997)

India, finales de los años 60. Estha y Rahel, dos gemelos cigotos con dieciocho minutos de diferencia y una única alma siamesa, viven en su grande Casa de Ayemenem, en Kerala. Mientras su país se divide entre la novedad de la cultura occidental y el todavía rígido sistema de castas, ellos juegan con los pedacitos de luna amarilla en el agua verde grisácea del río. 

Los aparadores se hinchan y crujen. Las ventanas cerradas se abren de golpe. Los libros se ablandan y ondulan entre sus tapas. Extraños insectos aparecen como quimeras durante la noche y mueren abrasados sobre las pálidas bombillas de cuarenta vatios. 

Esta infancia húmeda dividida entre dos cuerpos, aparentemente tan eterna y estática, es interrumpida por el Terror. El libro parece no crear suspense, revelando ya en las primeras páginas el acontecimiento clave de la historia, la muerte de Sophie Mol, la prima inglesa de los gemelos en visita en Kerala.

Veintitrés años después, Rahel regresa a Ayemenem para ver a su hermano. Ya no es una niña desdentada, con el pelo más o menos recogido en un Love-in-Tokyo y un reloj de juguete que marca las dos y diez. Ya no vive en un mundo coloreado por un par de gafas de sol con las lentes rojas. Es una mujer crecida en Estados Unidos, sin nadie que concertase un matrimonio para ella. Su cuerpo está seco y sus ojos parecen pertenecer a otra persona, alguien que mira por la ventana a un barco en el río.

Estha también ha estado lejos a lo largo de los años. Ahora es como un pescador en la ciudad, lleno de secretos marinos. Se esconde del recuerdo del Terror, detrás de un profundo silencio que con el tiempo echó raíces en su pecho. Ocupa muy poco espacio en el mundo. 

Rahel no ve a su hermano desde la muerte de su prima, desde cuándo él todavía tenía zapatos puntiagudos de color beige, el mechón de Elvis sobre sus almendrados ojos somnolientos y unos nuevos dientes delanteros. 

Ahora todo ha cambiado. La Pérdida de Sophie Mol deambula suavemente por la casa de Ayemenem como una silenciosa presencia en calcetines. Es curioso cómo, a veces, el recuerdo de la muerte pervive mucho más que el de la vida por ella arrebatada.

A través de la reunión de los gemelos, Arundhati Roy cuenta la historia que llevó a la muerte de Sophie Mol (investigadora de pequeñas perlas de sabiduría), pero no solo. Cuenta la historia de una peculiar familia alargada y pivotante entre las castas sociales indias y una fábrica de conservas y compotas. Describe perfectamente ese momento histórico que siguió a la guerra con China y la propagación del marxismo. La autora regala al lector un trozo de su vida con esta trágica, tierna e increíble historia autobiográfica.

La lectura fluye tensa y rápida entre pepinos, televisores satelitales, pesados aretes de oro, sillones de mimbre, piñas enlatadas, Plymouth azul cielo, árboles de caucho, saris, gemelos sin apellido con una tía gorda y fanática, un ex-amado tío intelectual y una madre rebelde. En el mientras, el Dios de las Cosas Pequeñas asiste inerme a los acontecimientos que cambian las vidas de todos de un momento para otro.

Cuando, en las últimas páginas del libro, se consigue la clave para comprender toda la historia, hay que comenzar a leer de nuevo.

Texto de Marta Cigliutti

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