‘Volar, quieren volar, todos los flamencos en libertad’, para Nueva Tribuna y Público

Este artículo se publicó con fotos de Sergio Rubio en Nueva Tribuna el 30 de junio de 2019.

Estival Cuenca es un festival mestizo donde las etiquetas se difuminan hasta perder su eficacia. Hay que dejarse llevar. Esos estrechos cajoncitos con los que los humanos tratamos de poner orden al universo se bambolearon anoche en plena tormenta musical. Antonio Lizana (San Fernando, Cádiz, 1983) y Chico Pérez (Jaén, 1994) en programa doble conformaban un cartel de tronío. Dos maneras distintas y heterodoxas de vivir y sentir el flamenco. 

El primero con escalafón en la pirámide del jazz y miembro de la Afro-latin-jazz Orchestra de Arturo O’Farril con la que obtuvo un Grammy al mejor disco de latin-jazz instrumental en 2015. Palabras mayores. El segundo, perteneciente a la generación de músicos de conservatorio, trata de regresar con su primer disco a los ritmos de la tierra. Dos maneras de ver el flamenco complementarias que reunidas en el mismo cartel nos muestran, por si teníamos alguna duda, que vivimos un gran momento para el flamenco. 

Flamenco y jazz se fusionaron ayer sobre el escenario del Museo Paleontológico de Castilla-la Mancha. Flamenco y jazz, estilos que tendrán fechas propias en la próxima semana con la presencia de Rocío Márquez el martes y Pedro Iturralde el miércoles.

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