Todos los ‘Angeli’ de la Historia Sagrada

24º Edición de Las Edades del Hombre en Lerma (Burgos)

Este artículo fue publicado en Nueva Tribuna el 21 de mayo de 2019

Bajo el título de ‘Angeli’ se celebran hasta noviembre Las Edades del Hombre en Lerma (Burgos). Este año alcanzan su vigesimocuarta edición en 2019 con la figura de los ángeles como argumento que nos permite acercarnos a su representación artística a través de las obras de arte presentes en la muestra. Una pintura de Eduardo Palacios pone imagen a esta edición en la que la Ermita de la Piedad, la Iglesia de San Pedro y el Monasterio de la Ascensión son las tres sedes en las que se ubica esta cita anual imprescindible con el arte religioso de Castilla y León. La primera de ellas ha sido convertida en una especie de sala de cine donde una original proyección en distintas capas nos trata de acercar al fenómeno espiritual de los ángeles y su presencia en los textos sagrados que los vincula directamente a la vida del ser humano.

Como ya es marca de la casa, Las Edades del Hombre no renuncian al contenido evangelizador y catequético que articulan el discurso de la muestra. Desde ese punto de vista, la propia definición del término Angeli resulta difícilmente comprensible en su totalidad ya que no pueden considerarse como “entidades simbólicas, fantásticas o mitológicas”, según se expone en la propia presentación de la muestra.

Frente a otros conceptos duales del mundo, como en el catarismo, en los que el bien y el mal se contraponen, el catolicismo plantea que Dios crea el mundo bueno y que son los ángeles caídos o los hombres los que deciden recorrer la senda del mal alejándose de Él. Esta diferente concepción del origen del mundo está en la base de muchas tradiciones heréticas contra las que la Iglesia Romana ha combatido radicalmente a lo largo de los siglos y es la base fundamental sobre la que se articula la aparición de los ángeles en el arte tratando de guiar a los seres humanos por el camino del Bien.

Tras la primera proyección en la Ermita de la Piedad, la muestra continúa en la Colegiata de San Pedro, donde concentra cuatro de sus cinco capítulos. No en vano, esta Iglesia tuvo pretensiones de Catedral y sigue siendo el centro de la vida religiosa de Lerma, la ciudad convento del Duque. Las fiestas que siguieron al traslado del Santísimo a su interior duraron veintidós días en plena exageración barroca y en la que participaron los más importantes poetas y artistas de la época con textos creados para la ocasión, arquitecturas efímeras o representaciones teatrales. La llamada fiesta barroca de Lerma a principios de agosto rememora aquel año de 1617 en el que se convirtió en el centro del país.

Sorprende la transformación realizada en el interior de la Colegiata para albergar esta magna exposición que este año obligará al tradicional Auto Sacramental de la Fiesta Barroca de Lerma a buscar una nueva sede. Estas muestras exigen la creación de arquitecturas efímeras y la ocultación de cualquier resto de vida cotidiana del templo. Líneas y colores puros que concentren la atención el visitante en las piezas expuestas.

“¡Ángeles del Señor, Bendecid al Señor!”, “Los Ángeles le servían”, “¡Santo, Santo, Santo es el Señor!” y “Ángeles y demonios” son los capítulos que se encuentran en este templo en una edición con un discurso claro y potente que mantiene la atención del visitante y que trufa de obras de gran interés todo el recorrido.

En el primer capítulo, centrado en el Antiguo Testamento, encontramos querubines que sostienen el trono divino y serafines que cantan su gloria. Presentes desde los orígenes del mundo y que van acompañando a los seres humanos cerrando el paraíso terrenal, protegiendo a Lot o deteniendo la mano de Abraham. Una segunda parte dedicada a la vida terrena de Jesús en la que están presentes desde la Anunciación hasta la Resurrección, en la que merece una atención especial la terna compuesta por el Cristo sostenido por un ángel, el Cristo depositado en el sepulcro por dos ángeles de Esteban Jordan y que se cierra con el Cristo Yacente de Mateo Cerezo, un artista llamado a ser uno de los grandes del arte de no haber sido por su prematura muerte.

El tercer capítulo está destinada a la presencia de los ángeles en la vida de los fieles y los creyentes. En esta parte cabe destacar el Ara portátil procedente del Tesoro de San Rosendo, datada a principios del siglo XII, o el óleo sobre tabla del segundo cuarto del siglo XVI de autor anónimo procedente de la Catedral Palencia en el que ningún detalle es baladí.

El capítulo cuarto es el punto álgido de esta edición. En él encontramos una impresionante muestra de Arcángeles en su lucha contra los que decidieron “rechazar radical e irrevocablemente a Dios y su Reino”. La representación del mal, eternamente derrotado por San Miguel que tan bellamente han representado por impresionantes obras de Juan de Juni, Diego de Siloé o Gregorio Fernández. Pero que los ángeles no nos impidan ver de nuevo el impresionante Crucificado que corona el retablo de la Colegiata de San Pedro.

La muestra se cierra en el Monasterio de la Ascensión, donde se encuentra el capítulo quinto “La Jerusalén celeste”, en la que podemos disfrutar de piezas maestras como la llamada “Virgen de la Escalera”, procedente de San Miguel de las Dueñas (León) o La Coronación de la Virgen de El Greco, traída desde el Santuario de la Caridad de Illescas (Toledo).

A la espera de la celebración el próximo año del veinticinco aniversario de Las Edades del Hombre, unas exposiciones que transformaron el concepto de muestras de arte religioso y que han servido para recuperar el patrimonio artístico más significativo de Castilla y León, nos encontramos ante una edición algo más modesta, pero conceptualmente más clara, con un discurso expositivo contundente y potente, en el que todas las obras presentes tienen su lugar en la línea argumental de la exposición.  

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