Oratorio para un tiempo de plástico

Foto: Festival de Música Antigua de Sevilla

Converso con el hombre que siempre va conmigo, como decía el poeta. Dice venir de Biocultura. Me habla de la revolución ecológica y del poco tiempo que nos queda para poder frenar el cambio Climático.  Ha recorrido toda la ciudad en el autobús urbano para llegar al Espacio Turina en el que Le Poème Harmonique, bajo la dirección de Vincent Dumestre, da comienzo a la 36ª edición del Festival de Música Antigua de Sevilla, FeMÀS 36.

Entramos juntos al vestíbulo que bien pudiera ser la entrada a un mundo post-apocalíptico en el que un amarillo metálico procedente de una lluvia tóxica ha acabado con cualquier tipo de vida basada en el carbono.

Sobre los mismos zapatos nos encontramos en el patio de butacas, entre siluetas oscuras e inmóviles. La función está a punto de comenzar. Un superviviente de la masacre trata de explicarnos con grandes movimientos de brazos lo que estamos a punto de ver.

En un pasado remoto existíamos nosotros, los seres humanos pero todo fue hace mucho tiempo. El último de aquellos profetas que intentó avisarnos sufrió la burla y el odio de los que se creían por encima del mundo. No hubo más oportunidades. “La tierra tembló, las rocas se partieron”, el día se hizo noche y se cayeron las vendas que nos tenían cegados.

Algunos imploraban perdón y reconocían sus culpas, pero ya era tarde. Los que habían creído, también perecieron.

La fuerza del oratorio Il Terremoto de Antonio Draghi sirve como puerta a la reflexión en un mundo donde recibimos mensajes confusos sobre tantos remedios milagrosos. Durante el día habíamos caminado con codo, de stand en stand, en plena revolución ecológica buscando la verdad. Regresé con las bolsas llenas de milagros y los bolsillos vacíos. No me será fácil separar el grano de la paja.

La voz clara y conmovedora de la soprano Léa Trommenschlager, en el papel de María, trata de ponernos sobre aviso, pero los humanos somos tozudos. Somos tan soberbios que damos por supuesto que nada venido desde el siglo XVII puede servirnos ya. Pero este oratorio dramatizado acaba por conmoverte el alma gracias a un conjunto de voces que te trasladan a esos momentos finales de la Humanidad. Somos conscientes de haber matado a un Dios o a la misma Tierra que habitamos. Pensaba que Antonio Draghi me ofrecería un delicioso oratorio y me llenó el cuerpo de terror con sólo pensar en lo que estamos haciendo con este mundo.

Tiempos descreídos y prepotentes que ya dieron por amortizadas esas historias milenarias pasadas de voz en voz que nos hablan de lo que ocurriría tras la muerte de Jesucristo y la llegada del Juicio Final. Ese mismo del que parecen hablarnos algunos científicos si en doce años no somos capaces de dar un giro global y frenar esta terrible carrera.

Afortunadamente, los aplausos me sacaron de estas derivas y volvimos a los problemas diarios, pues era sábado por la noche y a nadie parece importarle el Apocalipsis mientras la fiesta siga siendo gratis.

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