Luella Miller: “La única manera que entiendo de vaciarme es a través de la escritura”

La música de Elton John empezó a sonar en el, casi vacío, plató de radio. Era la premisa de que la entrevista a María Martínez Azorín, Luella Miller, estaba a punto de comenzar. Sentada en uno de los micros de la mesa, se acomodó y al compás de la primera pregunta articuló sus primeras palabras: “Me inicié en el mundo de la escritura prácticamente desde el nacimiento”.

Escritora yeclana e impulsora de “El Circo de las Ideas”, una iniciativa cultural que acerca la literatura a los más jóvenes. María también ha sido creadora de la performance “Se regala poesía” que lleva ya en pie cerca de quince años. Conocida en sus redes sociales como Luella Miller, ofrece una visión visceral y realista de la literatura a través de sus poemas.

Hablaba segura de sí misma y de forma ágil, sin pensar mucho en las respuestas, pues sus palabras salían solas sin apenas esfuerzo. Una mujer con los pies en la tierra, pero con el corazón entre libros. María Martínez describe la literatura y las letras como la forma más pura y real de ser uno mismo en todas tus facetas. Sin escondites, excusas o miedos que te frenen a ser quién realmente eres.

Hoy la tenemos en Especies de Espacios para hablarnos de su primer libro, “Hiroshima”, el cual está a punto de salir al mercado. María no sabe cómo describirlo, no sabe si se trata de un poemario, de una novela o de pequeños relatos distribuidos por las páginas en blanco. Tienen principio y final como toda historia que se precie. Ella escribe lo que le remueve por dentro, lo que le hace retorcerse de mil y una maneras, lo que para ella es su verdad y su experiencia a lo largo de los años. No concibe hacer poesía de otra manera que no sea esa.

¿Cómo te iniciaste en el mundo de la escritura?
Realmente no tengo una fecha de inicio que pueda señalar, yo creo que fue desde el nacimiento prácticamente. Porque recuerdo que mi padre me contaba que cuando no sabía ni leer ni escribir, tendría a lo mejor un par de años, me sentaba en el sofá del salón de mi casa y hacía como que leía y escribía. Eso ya es iniciarte a la literatura, a la lectura y a la escritura. También parte importante han sido los abuelos y las abuelas, toda esa tradición oral me ha acompañado siempre y todas las historias que me han contado cuando era pequeña. Siempre he sido muy perceptiva, muy atenta siempre a esas historias. Hay a quienes, a lo mejor, no les llama demasiado la atención, pero yo recuerdo que me sentaba al lado de mi abuelo/a y recuerdo perfectamente cada palabra que me decían. Creo que todo eso ha sido un camino que he ido recorriendo y me ha llevado a descubrir la literatura, y en este caso la escritura también.

¿En qué te inspiras para escribir?
Yo soy un poco visceral y me tengo que meter dentro. Yo no sé escribir de algo que no he vivido. Si no lo vivo, no lo escribo. No puedo, no me sale. O si me sale no tiene vida, está muerto. Entonces me inspiro de todo aquello que va sucediendo a mi alrededor y que realmente me hace temblar por dentro. También me gusta jugar un poco con la vida. Hay momentos en los que me salgo de la línea recta que parece que está marcada, ya que parece que dentro de veinte años vas a estar haciendo lo mismo y hay que salirse, hay que escucharte. Y si te escuchas y te sales vas a conseguir obras creativas, ya sean a nivel literario o a cualquier nivel. Creo que cualquier artista en la disciplina que sea tiene que hacer arte con el estómago. No se puede hacer arte con la cabeza.

¿Tienes algún tipo de referente en el que te puedas reflejar a la hora de escribir?
No es que quiera, es que, sin querer, se acerca un poco y no se parece ni mucho menos, sería una barbaridad por mi parte compararme, pero es cierto que los tintes de Bukowski… ese realismo sucio me atrapa mucho, y sí que tal vez me sirva un poco de referente. Creo que todos son referentes, todo lo que vivimos, todo lo que leemos, todo lo que escuchamos, todo lo que vemos en obras pictóricas, en escultura… Todo son referentes y al final en tu subconsciente se queda ahí y poco a poco va saliendo de una manera u otra.

¿Y has notado que han ido evolucionando tus referentes desde que has sido más joven hasta ahora?
Claro que sí, mi poesía ha ido evolucionando. Casi siempre la gente que empieza a escribir con un poco más de seriedad o con más dedicación, suele empezar en la adolescencia porque es cuando empieza todo, todo el cambio. Empiezas a no entender nada, empiezas a sentirte un poco que no sabes muy bien qué te pasa. Y sí que ha evolucionado, sino tendríamos un problema. Pero al final la base del poema, la esencia sigue siendo la misma porque sigo siendo yo. Entonces encuentro similitudes, aunque haya muchísimas diferencias también en la temática, la manera de expresar, en lo que quiero contar… También juega un papel importante para mí la autocensura. Es una pregunta que me hago constantemente. Estoy completamente en contra de la autocensura, en el momento en el que aparece deja de ser una obra, deja de tener sentido para mí. Entonces cuando tenía quince años sí que había autocensura porque lo iba a leer mi padre, mi madre… Ahora igual lo van a leer, pero me va a dar lo mismo.

Como ya hemos comentado al principio, has sido la creadora de una performance llamada “Se regala poesía”, ¿cómo empezó esta idea y cómo has conseguido llevarla a cabo?
Bueno pues esto es una anécdota curiosísima la verdad porque hace algunos años, me llegó un aviso de correos a mi casa. Fui a correos a recogerlo y cuando llego a allí la chica de correos me saca una caja enorme, yo no tengo ni idea de lo que es y pienso: “Pero si yo no he pedido nada por internet”. Lo abro y era una máquina de escribir que me llega desde Barcelona. A día de hoy aún no sé quién me la ha enviado y no sé cómo llegó eso a mis manos. Estaba mi nombre y mi dirección, o sea que era para mí. Alguien intencionadamente lo hizo, pero todavía no sé quién.
Tenía la maquina ahí parada, he pasado unos años de más bajón literario por determinadas circunstancias personales hasta que de repente este verano, un poquito antes de que empezara, eclosiono de nuevo y me digo a mi misma que tengo que volver a escribir, tengo que tirar hacia adelante con esto. Pertenezco a una asociación de los alcázares, que está en la región de Murcia, que se llama “La compañía de Mario”. Es una asociación de artistas multidisciplinar: hay pintores, músicos, poetas… de todo un poco. Y hacen turné por distintos mercados hippies que se van llevando a cabo por la región de Murcia y la costa de Alicante. Ellos hacen pintura en vivo, danza en vivo, música en directo… y del área de literatura no había nada en vivo. Yo hago mucha poesía, escritura automática. Mucha, creo que es lo que más hago y lo que más me sirve a mí. Luego hay algunas que las trabajo más y otras que se quedan tal cual están. Y pensé que, si lo de la escritura automática lo tenía controlado y la máquina estaba parada sin saber muy bien qué hacer con ella, pues podemos montar algo. Entonces, se me ocurrió la idea de “Se regala poesía”, y como hago talleres con niños pensé que en lugar de entregar el papel tal cual, pues lo entrego en forma de figura de origami y queda todo más poético. Y luego así, la gente no puede leer en directo la poesía que yo les he dedicado en ese momento. Es curioso porque la gente se sienta en frente de mí, no dicen ni una sola palabra, yo improviso un poema, se lo llevan y me he encontrado luego en las redes sociales, sobre todo la gente más joven, que han contactado conmigo por Facebook o por Instagram y me dicen que es como un retrato, que parece que haya leído dentro de ellos. Es escritura automática, ni siquiera lo pienso, directamente del estómago a las manos y ahí queda. Será que las energías y todo eso fluyen.

“El Circo de las Ideas”, ¿Cómo surge esta iniciativa?
El circo de las ideas es mi empresa, es lo que yo sostengo ahora mismo y surge por necesidad. Yo termino la carrera de pedagogía con la especialidad en animación a la lectura y veo que nadie me da trabajo, me quedo embarazada y tengo que comer. Decido montar una empresa sin saber muy bien lo que estoy haciendo, pero creo en algo. Soy muy idealista entonces yo digo: “Venga voy a probar otras cosas a ver si encuentro algo”. Empiezo a echar currículums, veo que no sale nada y decido que, si nadie me da trabajo, pues me lo doy yo a mí misma. Entonces como vivo en una ciudad donde no se llevaba a cabo nada relacionado con la animación a la lectura, lo empecé a poner en funcionamiento y a vender la idea que yo tenía en la cabeza y funcionó hasta el día de hoy. De esto hace quince o dieciséis años que empezó y a día de hoy sigo trabajando con “El Circo de las Ideas” y la verdad es que creo y quiero haciéndolo.

Actualmente, ¿utilizas esta afición como medio de trabajo?
Sí, la poesía, la literatura, los cuentos, la improvisación, la creatividad… Me parece que es un apartado que está muy abandonado en la vida del ser humano y lo percibo mucho. En los niños pequeños tal vez menos, porque con tres o cuatro años son fáciles de llevar, enseguida se enganchan a tu universo imaginario que tú les estas planteando sin que haya nada alrededor. Ellos enseguida son capaces de verlo todo. Pero conforme vamos creciendo, el mundo adulto está totalmente apático y es un apartado que deberíamos cuidar mucho. Porque si tú eres ingeniero en telecomunicaciones que se supone que es un trabajo muy serio, pero no has desarrollado tu parte creativa, no has desarrollado tu mundo interior a la hora de resolver un problema vas a ofrecer exactamente las mismas opciones que todos los que no han desarrollado esa parte creativa. En cambio, si tú te dedicas también a trabajar la imaginación, el mundo de la creatividad al nivel que sea y cómo quieras, pues siempre vas a tener ahí un click que te va a diferenciar del resto. Me parece una parte fundamental que está totalmente desamparada y abandonada. Entonces estoy yo ahí, haciendo lo que puedo.

En tu biografía de Instagram tienes como referente a Luella Miller, nombre que también utilizas como tu usuario, ¿por qué ese nombre?
Este nombre viene porque llevo un club de lectura juvenil y hace un tiempo leímos una recopilación de historias de vampiros de principios del siglo XX, historias desconocidas de vampiros. Entonces en esa recopilación hay una historia que se titula “Luella Miller” de 1902, de una escritora inglesa que se llama M.W Freeman. Me llamó muchísimo la atención la historia, porque escrita por una mujer en 1902 una historia de vampiros ya me llama la atención. Y, por otro lado, el planteamiento que hace del vampiro, Luella Miller que es la vampiresa no bebe sangre, no es una chupasangre, es un vampiro energético. Entonces va absorbiendo las energías de las personas que tiene alrededor y en eso me sentí identificada. Yo soy igual, soy un vampiro energético, voy cogiendo de las personas todo aquello que me pueden aportar y luego voy construyendo yo mi propia energía.

¿Estás trabajando actualmente en algo, algún poemario, proyectos, funciones…?
Ahora mismo, está apunto ya de salir de la editorial pluma verde, el poemario “Hiroshima”. Bueno poemario, yo sé si llamarlo poemario a esto o qué, porque lleva relato, micro-relato, lleva fragmentos de historia… Lleva poemas claro, pero es cómo una historia con principio y final. Los poemarios normalmente están agrupados por temáticas o son poemas sueltos, este no. Este cuenta, una historia, lo tienes que leer en orden y para entender la historia tienes que empezar por el principio como una novela y tiene su punto y final en la última página. Ahora mismo es lo que me tiene más agarrada. Conforme salió, cuando me dijeron que iba a ser publicado, ya parece que desaparece de mí, deja de ser mío para ser de los demás. Lo noto como extraño y es curioso porque cuando empieza a ser público, deja de tener esa parte especial. Y bueno estoy ahí, con el luto de la pérdida.

¿Qué significa para ti la poesía?
Para mí más que la poesía, la literatura, las letras, el poder ser, el poder estar en un sitio, el poder comunicar, el poder expresar lo que siento o lo que soy, Yo no sé expresarlo sino es escrito, puedo hablar mucho, pero debajo de esa palabrería, no estoy diciendo lo que realmente hay. Yo la única manera que entiendo de vaciar es la escritura, por eso lo que escribo a veces es no es políticamente correcto, pero es lo que sale de mí, de la base. Y eso oralmente me cuesta más decirlo. Entonces, para mí la literatura es ser yo.

Una entrevista de María Vecina con fotografías cedidas por Luella Miller

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