Ríos que nacen dentro de otros ríos. Entrevista a José Quaresma

Llamadlo José Quaresma, aunque esta historia que vamos a contar no sea Moby Dick sino El Corazón de las Tinieblas, de Josep Conrad. Una historia en la que no hemos salido al mar a cazar ballenas, ni siquiera vamos a remontar ningún río buscando a Kurtz, pero algo hay de mares y aventuras imposibles. Nos habla con pasión del proyecto “Chiado, Carmo and The Darkness” que comienza en Cuenca el trayecto europeo de su undécima edición y que le llevará también a Lisboa, Francia y Polonia. Nos habla en español, aunque como los meandros del río en el que navegamos, busca a veces impulso en alguna bella palabra portuguesa que evitamos traducir para mantener su fuerza expresiva. Le acompaña en esta entrevista Ramón Freire, profesor de Grabado de la Facultad de Bellas Artes de Cuenca que coordina la parte española del proyecto.

José Quaresma pertenece a esa primera generación de estudiantes ibéricos que aprendieron a descubrir Europa desde las aulas de sus universidades. Hoy es profesor de Arte Público en la Facultad de Bellas Artes de Lisboa, en el barro de Chiado. Y en ese estuario lisboeta del Tajo nace el proyecto original de “Chiado, Carmo and…”, un proyecto que empezó hace nueve años tratando de materializar los conceptos sobre los que trabajaba en sus clases.

La Facultad de Bellas Artes “está en Chiado, el barrio más rico culturalmente de Lisboa. Trabajamos en ese mismo barrio, muy antiguo y lleno de tradiciones. Al lado hay otro barrio llamado Carmo donde vamos a exponer. Entonces hemos empezado a poner en práctica en las calles, en las iglesias, en los conventos, en la estación de metro, así hasta la locura.”

Hace cinco años, el profesor José Quaresma decidió dar el salto internacional con su proyecto y convocar con departamentos de otras universidades europeas. Un proyecto que se ha hecho grande “en el sentido de crear una red de proyectos que podamos construir todos los años con un año de preparación. Un tema común para todos, algo que puede constituir un espíritu de hermanad que piensa cosas similares sobre una reflexión de un escritor, como en el caso de Conrad esta edición. Convocar países y muchas gentes para trabajar sobre un tema común. Al final hay resultados muy bellos. Además, las obras se quedan en los países donde se hacen las exposiciones”, nos cuenta el propio José Quaresma.

En el caso de esta undécima edición que ronda sobre la obra de Joseph Conrad, el Corazón de las Tinieblas es reinterpretado por más de cuarenta artistas procedentes de la Facultad de Bellas Artes (Lisboa), la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes (París), la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Castilla-La Mancha (Cuenca) y la Academia de Arte Strzeminski Lodz (Lodz). Durante esta semana podemos visitarla en la Sala Iberia de Cuenca, a partir 28 de febrero en la Casa de Portugal de París, en Lisboa en abril y en Lodz (Polonia) en mayo.

Ramón Freire, coordinador en España, nos habla de que esta es “una manifestación artística producida por profesores y estudiantes que reflexionamos en torno a una gran obra literaria a través de la obra gráfica, el grabado, distintas impresiones digitales y diferentes procedimientos. En un futuro estaremos hablando de gente que ha manufacturado una serie de obras se coordinan que el día de mañana que darán mucho que hablar como artistas”.

En palabras del propio Conrad, en esta obra los artistas presentes “apelan a nuestra capacidad para el deleite, para la admiración; a nuestra intuición del misterio que rodea la vida; a nuestro sentido de piedad, belleza y dolor; a la latente sensación de hermandad con todo lo creado, y a la sutil pero invencible fe en la solidaridad que une la soledad de innumerables corazones, y enlaza estrechamente a toda la humanidad.”

Un viaje de la mano de Conrad que para el profesor Quaresma comenzó en una clase de danés cuando con dieciocho años una compañera polaca lo motivó “a leer la historia personal de Joseph Conrad”, un autor “nacido en Ucrania cuando Ucrania estaba dominada por Rusia, pero que tiene orígenes polacos, lo cual lo hace muy confuso. He paseado por Europa con esas narrativas en mi bolsillo y he discutido sobre estas narrativas».

Como reconoce el propio José Quaresma, no vivimos tiempos en los que Conrad sea un autor demasiado popular, pero que es imprescindible “por las consecuencias de su narrativa, de las reflexiones éticas y civilizacionales. Su manera de pensar está presente en nosotros sin conocerlo explícitamente”. Siempre está presente. Son imágenes tan potentes que las llevamos pegadas a la piel. En la introducción al libro que acompañada a la exposición y donde ensayistas de las universidades participantes reflexionan sobre Conrad, José Quaresma aprovecha para hablar de “confluencia de ríos que nacen dentro de otros ríos. O de otra manera, estuarios de ríos que nos hacen proyectarnos para otros estuarios. Estuario del Congo, estuario del Támesis, estuario del Tajo”.

Cuarenta y un artistas que no hacen ilustraciones de la trama literaria, sino que parten de la misma motivación de Conrad, llenando ese espacio en blanco, esa carta blanca, descubriendo, experimentando y reflexionando con la obra sugerente de Conrad.

Desde esa frase del niño cuando ponía el dedo sobre el espacio vacío en el mapa y decía aquella frase labrada en la historia de la literatura universal: “Cuando sea mayor iré allí”. Éste es un párrafo que no sólo habla del tiempo, de la imaginación de un niño, “es lo que es referido, la carta blanca, la carta que no tiene inscripciones, que no ha sido hecho, no ha sido descubierto, no ha sido experimentado”, como nos explica apasionadamente el profesor Quaresma. “La idea de una carta blanca por desbravar. Eso nos toca muy particularmente, porque transportamos dolores mal resueltos de ocupar cartas blancas de América y África. Hay muchas formas ocultas de dominar, de instrumentalizar la alteridad del otro. Su propio espacio y su propia soberanía. Hace 500 años que discutimos sobre soberanía y nos quedamos en un punto muy frágil de lo que es soberanía”.

Una exposición a la que podría aplicarse la cita del propio Conrad en una carta a Barrett Clark en 1918. “Una obra de arte rara vez se limita a un significado exclusivo y no necesariamente tiende a una conclusión definitiva. Y por eso la razón de cuanto más se acerca el arte, más adquiere un carácter simbólico.”

El año pasado fue Fausto, este año es El Corazón de las Tinieblas el eje de Chiado, Carmo and The Heart of Darkness. “Autores son seleccionados con criterios muy específicos. Son autores que trabajan con imágenes muy potentes de las cuales parten para construir sus narrativas. Tanto Fausto como Conrad tienen una imagen muy fuerte que van a elaborar de un modo muy sofisticado que transforman en material literario. Eso es lo que nos encanta como artistas. Hay una imaginación matérica inicial común y fértil para los escritores y para los artistas.”

Como dice el profesor Quaresma lo que nos ocupa es quizá algo mucho más grande, “hablamos de potencias absolutas para hacer literatura y artes visuales”.

No es una muestra fácil porque los artistas y ensayistas nos hablan desde el corazón mismo de nuestra civilización y que, en muchos casos, nos remiten a la propia agonía de Kurtz durante el viaje de vuelta, donde apenas es capaz de decir: “Tenía planes inmensos… Estaba en el umbral de grandes cosas”.

T.S. Elliot lo dejó escrito, “Y así acaba el mundo/ No con un estallido, sino con un sollozo”. Comienza un nuevo viaje.

La exposición “Chiado, Carmo and The Heart of Darkness” puede verse en la Sala Iberia de Cuenca hasta el 20 de febrero de 2018. A partir del día 28 de febrero en la Casa de Portugal de París, en el barrio de Carmo en Lisboa en abril y en Lodz (Polonia) en mayo.

Podcast con José Quaresma, Ramón Freire y Lu Serraller:

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