Jesús Madero: “Cuenca necesita una carga de generosidad por parte de todos los que se dedican a la vida pública”

Esta entrevista se publicó con fotos de Álex Basha en Las Noticias de Cuenca en al versión papel y en versión digital el 31 de mayo de 2019

Jesús Madero se jubiló hace tres años como director del Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha tras diecisiete años al frente. Desde entonces se dedica a la geología, su profesión y su pasión, manteniéndose en un discreto segundo plano. No andamos sobrados de mentes críticas y lúcidas tan necesarias para esta ciudad. Costó que quisiera volver a los focos para reflexionar sobre lo vivido y sobre el futuro de esta ciudad. Una larga y jugosa charla con una de las personas imprescindibles para entender quiénes somos y hacia donde vamos.  

“De Jesús (Madero) te puedes fiar todo lo que quieras, pero lo que nunca conseguirás saber es lo que vota”, dijo una vez un consejero de la Junta de Comunidades.  “He trabajado, he hablado con gente, he tratado de ser socialmente correcto, cumplir con los deberes sociales, lo que yo vote a la gente no le importa. Ni de derechas, ni de izquierdas, ni de arriba, ni de abajo”. Fue director general con el PSOE al principio de la Junta y director de un gabinete técnico con la diputación del PP, “Y al final, ¿sabes lo que decidí? Irme a mi casa a ser técnico toda la vida. Y he sido técnico toda mi vida. De una vez por todas en este país, a los técnicos tienen que dejarles ser técnicos. No hay que confundir las cosas ni revolverlas.”

Un café en el Casco Antiguo mientras por la ventana se ve la hoz. Una charla reposada como la de las añoradas tertulias, en las que la taza se estiraba y se estiraba al mismo tiempo que la conversación. Al pensamiento no le gustan las prisas. Jesús Madero mira el paisaje de la hoz. Como apasionado de la geología, ama cada una de estas rocas. Ahora jubilado, nos confiesa que ha vuelto a dedicar su tiempo a leer la geología más humanista, la clásica. Combina la lectura con el paseo por las hoces y por los Campos del Paraíso. La clase práctica después del estudio teórico.

Jesús Madero siempre tiene esa sonrisa irónica del que sabe que a veces es mejor esconder las palabras en algo de socarronería, porque las cosas hay que tomarlas muy en serio, pero no tanto como para que impidan avanzar.

P.- ¿De qué quieres hablar?

R.- Venía antes pensando sobre qué podíamos hablar. En esta campaña no he oído nada de museos todavía, aunque hay veces que gracias a Dios, porque buenas ideas no sé si las hay, pero ocurrencias muchas. No hay constancia. Hay que planificar con una cierta longitud en el recorrido, porque si no, estamos improvisando constantemente. Del tema de la cultura habla mucha gente, pero nadie sabe lo que es, y de la ciencia, para qué te voy a contar ya. Todos hablamos, hablamos, hablamos.

P.- No hay ningún sitio mejor para un geólogo que ser conquense, ¿verdad?

R.- La gran joya de esta ciudad es el Patrimonio de la Humanidad y, seamos realistas, somos patrimonio de la humanidad por las hoces. Pero las tenemos llenas de garapullos, llenas de agujeros, llenas de cadenas y no pasa nada.  Si alguien hiciera un agujero en la fachada de la catedral, le cortaríamos un dedo. Sin embargo, ahí está la Hoz del Júcar sobre todo, y poco a poco la del Huécar, absolutamente deteriorada y absolutamente machacada. Ese terreno hay que ordenarlo, yo no digo que no haya que escalar, lo que no puede ser es que cada uno escale por donde le dé la gana. Hay que ordenarlo. Las aves que antes anidaban en la Hoz ya no las ves. Yo soy geólogo y sé el daño que se está haciendo. Eso es  irreparable.

P.- ¿Cuenca tiene solución?

R. – Lo fundamental y primero imprescindible es una carga de generosidad por parte de todos los que se dedican a la vida pública, en algún momento se tienen que poner de acuerdo en algo. Porque si no hay proyectos de largo recorrido, el desarrollo territorial no es posible.

P.- ¿Hacia dónde vamos?

R.- El problema es que no tenemos modelo de ciudad. Llega uno peatonaliza una calle, llega el siguiente, la despeatonaliza, llega el tercero, ahora hay quien propone volverla a abrir al tráfico. No sé si en el mismo sentido o en el contrario. No se trata de peatonalizar o no Carretería, se trata de hacer un estudio del tráfico en Cuenca. Somos muy dados al no pasa nada, pero con el no pasa nada, y no pasa nada, pasa una generación, pasa Cuenca y los hijos se nos van fuera.

P.- ¿Hemos perdido muchos trenes?

R.- En el tema cultural, en los años 90 se hicieron planes directores y planes estratégicos regionales de cultura, avalados por las Cortes de Castilla-La Mancha, que llevaron a las Cortes y se votaron. Estamos muy acostumbrados a hacer papeles sin hacer una memoria económica al lado.

Tenemos muy poca memoria. El tema como siempre está en la proyección que se le da a las cosas y si después del día de la inauguración hay algún interés. Cuando se ponen en marcha los proyectos, hay que tener una memoria económica donde diga qué recursos económicos tiene y de dónde salen.

P.- ¿Por qué nunca te lanzaste a la arena política?

R.- Ví lo que había y probé, pero para ser político hay que desayunar todas las mañanas un sapo. A mí no me cabe por la garganta de lo gordo que es. Ante eso decidí hacer otra actividad en esta vida. Probablemente habría ganado más dinero, pero probablemente habría dormido mucho peor.  

P.- ¿Cómo surgió la idea del Museo de las Ciencias?

R.- Bono veraneaba en O Grove, porque su mujer era de allí. Un día fueron con los chicos a ver La Casa de las Ciencias de A Coruña, que era la segunda instalación de ese tipo que había en el país, la primera fue el museo de la Caixa en Barcelona. Vió que aquello era una cosa importantísima y se vino a la región diciendo que había que hacer un museo de las Ciencias en Castilla-La Mancha. En aquel momento estaba José Manuel (Martínez Cenzano) de presidente de las Cortes y dijo sí, pero me lo llevo a Cuenca. Fue su primera propuesta como alcalde.

Yo entonces estaba en el Museo Arqueológico, organizando la sección de Ciencias Naturales, y Diego Peris, que entonces era Viceconsejero de Cultura me preguntó si me quería ir al Museo de las Ciencias. Acepté y allí estuve hasta que me jubilé.

P.- ¿Por qué se construyó en el casco histórico?

Hay gente que dice que para los autobuses era mejor sacarlo fuera. En otras ciudades como Teruel se ha quedado desligado de la ciudad. Los cascos históricos necesitan actividad para que estén vivos, si aquí no metes nada más que el cartón piedra de las fachadas, la ciudad antigua se nos vuelve a hundir. Al principio estuvo muy criticado, hasta que vieron que subía un chorro de muchachos por la calle arriba y en ese momento se cayó todo el mundo.

P.- ¿Cuál es la importancia de los yacimientos de Las Hoyas y Lo Hueco?

R.- Un día nos llamaron de la obra de lo Hueco, porque entonces teníamos un paleontólogo aquí en el Museo. Cuando llegamos y ví lo que había, llamé a la Consejería y les dije, tenemos un dolor de cabeza gordo, porque no sé de dónde se puede sacar tantos recursos para poner eso en orden. Cuando se inauguró el Museo Paleontológico se prometió un Instituto de Investigaciones Paleontológicas en Cuenca. Primero porque en España no abundan, y segundo porque tenemos un patrimonio importantísimo.

Es imprescindible que la Junta contrate paleontólogos para preservar el patrimonio de Las Hoyas y Lo Hueco.

P.- ¿Sigues pasando por el Museo?

R.- Voy poco, cada dos o tres semanas me subo a tomar un café con ellos. Veo a todo el mundo, pero no quiero estar incordiando. Tenemos una relación personal muy buena, pero en temas profesionales, no quiero entrar, ni decir, ni proponer, me he quedado a un lado. Desde que salí de aquí no he dado ni una ponencia, ni una conferencia, ni nada.

P.- ¿No has tenido tentaciones de volver al ejercicio profesional?

R.- La mejor propuesta profesional que he tenido me llegó ya estando fuera. Llevaba jubilado ocho o diez meses y Salvador Pérez Arroyo, que es el arquitecto del Museo, me propuso colaborar con él para hacer el proyecto museológico y la producción de contenidos de un museo en Vietnam de 20.000 metros cuadrados. Pero aunque la tentación fue horrorosa, una vez que estás fuera es imposible.

P.- ¿Qué te hubiera gustado hacer como director del Museo de las Ciencias que no hiciste?

Me quedaron muchas cosas por hacer. Una cosa que siempre tuve ilusión de hacer era un concierto en las cubiertas del Museo. En su día pregunté y me dijeron que el museo aguanta ya que no tiene ningún problema de carga. En algún momento lo quise hacer, pero cuando ya lo tenía maduro, no tenía dinero.

Otra cosa que me ha quedado por hacer es un proyecto sobre la ciencia no cuantificada, pero se me fueron muriendo los interesados. Pedro Mercedes, además de artista, era un científico que controlaba el fuego mejor que los de los hornos electrónicos. Sabía qué temperatura era la exacta para hacer la cerámica o cocer una cierta pintura. O muchos ganaderos que han controlado muy bien la genética. No les preguntes cómo ni por qué, pero han sido unos científicos impresionantes, muchas veces con menos errores que los científicos de ciencia cuantificada.

P.- ¿Cómo llevas la jubilación?

R.-  Yo soy un buen jubilado. En esta vida hay que hacer muchas cosas y en algún momento lo que hay que hacer es disfrutar. Me dedico al campo. Me gusta muchísimo estar en mi pueblo,  Carrascosa del Campo, e ir a ver cómo cantan las abubillas, por ejemplo.

Otra cosa que estoy haciendo es releyendo geología, pero no la geología tecnológica basada en las últimas tecnologías. Estoy releyendo la geología que yo estudié en la facultad, que es una geología más humanística, hecha por gente que salía a trabajar.  Ahora las relaciones personales son todas a través del ordenador. Compartimos en una web pero compartimos poco más. En el tema de las ciencias, el compartir vida siempre ha sido fundamental. Eso creo.

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