La senda de los recuadros amarillos

Transmetropolitan nº9 «En tierras salvajes», de Warren Ellis y Darick Robertson. Reeditado por ECC Cómics.

Mientras me sumerjo por primera vez en la bañera de patitos y espuma olorosa de Ignatius Reilly con La conjura de los necios, he encuentro, de manera casual, en un artículo,  coincidencias hablando de los orígenes de Spider Jerusalem, protagonista del cómic americano Transmetropolitan, donde ya ando de lleno en la aventura de releerlo.

Parte del interés que nos suscita la figura de Spider viene a través de los recuadros amarillos, que transmiten todas sus notas de grabadora al formato escrito y que más tarde se reproducen a través de las columnas «Odio todo esto» y «La nueva escoria» que escribe para el periódico local «La palabra». Ignatius también escribe sus propios recuadros amarillos, en su caso, «Diario de un joven trabajador, o adiós a la holganza».

Los cuadros amarillos en Transmetropolitan, más allá de ser un recurso que equilibre el diálogo con profundizaciones en el personaje, es una transcripción de todas las lecciones que quiere ahondar este cómic. Pasando por la crítica a la clase política y a la sociedad dormida y borrega. Pero también la reivindicación de una sola verdad (y no de verdades múltiples), donde es el periodista el que tiene que llegar a desenterrarla, como un arqueólogo.  

Tomar notas es, en efecto, una manera de practicar la defensa de la verdad. De la misma manera, el arte, a través de las viñetas de un cómic, la busca y es capaz de relacionarse con el periodismo para este fin. La senda de los recuadros amarillos va mucho más allá de lo que en un principio nos hacía parecer, y el cuarto poder vuelve a despegar.

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