La violencia de género contra la mujer en el cine: Corte y confección

Corte y confección es un cortometraje cuidadosamente tejido con fotogramas de películas del siglo XX. Un proyecto realizado por Lorena de la Cruz Mena que a priori fue gestado como un TFG. Este es un proyecto que se ha desempolvado de nuevo con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

En una entrevista realizada a Lorena de la Cruz Mena, Espacies ahonda en el significado de este cortometraje que muestra de manera crítica los estereotipos y tópicos que han rodeado a la mujer del cine. Un paradigma del que no se puede hablar sin tener antes en cuenta la desigualdad de género que viven todas las mujeres. Quizá lo más alarmante del cortometraje, a la hora de analizar su significado, es que se trata de una situación de clara perseverancia machista a la que ni siquiera aún se le ha podido dar la vuelta.

En marzo de este año, el digital Magnet lanzaba una noticia muy contundente respecto a las cifras que nos deja el cine: La brecha salarial en el cine es tan bestia que ni la reina en “The Crown” cobró más que su consorte.

Andrés P. Mohorte apuntaba en este artículo lo siguiente: “2017 ha sido un año moldeado por el discurso feminista. Especialmente en Hollywood, tras los gigantescos escándalos sexuales de Harvey Weinstein y otros muchos hombres. El debate, sin embargo, ha difuminado otro aún más antiguo: la brecha salarial entre las estrellas de cine. Las mujeres siguen cobrando menos que los hombres por roles similares. ¿El último ejemplo? Claire Foy, la reina (La Reina) en The Crown cobró menos que Matt Smith, el príncipe consorte. […]

Los problemas de igualdad de género en lo audiovisual van más allá de los salarios. Se puede apreciar en el reparto de galardones: en aquellos mixtos, como los dedicados al mejor director en los Globos de Oro, los jurados han entregado 121 nominaciones masculinas por 4 femeninas. Es cierto, hay menos directoras. Es el otro problema: de las 250 películas más vistas en 2017, sólo el 12% tuvo directoras; sólo el 17% tuvo guionistas; y sólo el 4% directoras de fotografía. El acceso está vedado”.

Lorena explica que su cortometraje surgió gracias a Retrato de Hauptmann (1912) de Hannah Höch, artista plástica y fotógrafa alemana (1889-1978), considerada pionera en la técnica artística del fotomontaje. Retrato de Hauptmann es un fotomontaje en el que se aprecia el retrato de un hombre, dentro de él se encuentran más individuos. Para Lorena, esta pieza habla sobre la construcción mecánica de la identidad. Lo que recuerda a la construcción artificial del rol de la mujer en el pasado siglo XX. Pero eso no es lo único que la animó a encaminarse en este proyecto. Un álbum de fotografías de mujeres de su propia familia (confeccionado por su abuela) fue lo que la inspiró a llevar a cabo un trabajo documental sobre el contexto histórico que rodearía a la mujer en aquella época, con el fin de saber más sobre la relación de género, lo que la llevaría a comprender la historia de esas mujeres que veía en las fotografías, con lo que en 2014 realizó un trabajo de 20 páginas que denominó “Ellas”.

No obstante, Lorena buscaba algo más práctico y productivo, que no se quedase tan solo en un ensayo académico; así, valiéndose de su faceta artística, empezó a seleccionar escenas de películas del siglo XX, como la famosa escena del ojo cortado, de El perro andaluz de Luis Buñuel. Todos ellos son fotogramas que ejemplifican ese rol que el patriarcado impuso a la mujer en el cine en aquellos años. Una mujer puritana, cocinera y lavandera, siempre como ama de casa que espera a atender al marido fatigado. Es la construcción artificial a la que tanto contribuyó el cine. Y así, no sorprende que en los años 50 pudiesen surgir guías para mujeres como la famosa “Guía de la buena esposa: 11 reglas para mantener a tu marido feliz”.

Ahora bien, ¿por qué precisamente coser los fotogramas si es el gran tópico de todos los tiempos del patriarcado? Lorena lo tiene claro como el agua: “Para revertir el tópico, yo sabía que eso suponía cambiar la imagen de la mujer tradicional. Además, me recuerda al Frankenstein de Mary Shelley, porque también es una identidad creada con bordados y cosidos”. De hecho, la construcción cultural que se ha hecho de la mujer es una imposición social, opina Lorena. Una imposición social urgida por tejemanejes muy similares a lo que se hace al coser una pieza, una que se ha arreglado tantas veces ya que solo queda una identidad impuesta como la de Frankenstein.

Los tópicos y estereotipos de aquel siglo pasado son de los que habla el cortometraje; pero, no obstante, se trata de una historia con continuidad en la actualidad, en el siglo XXI. Aquellas fórmulas que ahora horrorizan a las nuevas generaciones se han transmutado en unas con identidad a priori inocente. Los tópicos y estereotipos del cine son ahora otros. Pareciera que se trata de una renovación. ¿Sería posible hacer el mismo trabajo, pero en torno a las películas que nos rodean en la actualidad, y ya no a aquellas del pasado siglo? Lorena responde con contundencia: “Sí, no me cabe ninguna duda”.

El objetivo en última instancia de este cortometraje es el de destruir esos tópicos y estereotipos: enterrar los de antes y hacer frente a los de ahora. Mientras tanto, Lorena continuará. Su próximo trabajo, a colación de la tesis doctoral que está realizando, pretende analizar la violencia de género en la arquitectura. Se podría realizar un proyecto similar a este, aplicándolo respecto a la dirección cualquiera sea a la que prestemos atención. La violencia de género contra la mujer se encuentra en todos los aspectos de la vida cotidiana.

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