Jesús María Martínez: “Los bellos efímeros son un material para descubrir”

 

La Sala Paraninfo del Campus de Cuenca de la Universidad de Castilla-La Mancha tenía más brillo que nunca. Las luces, la decoración y el ambiente de tranquilidad hacían de ella un mundo paralelo completamente ajeno a todo lo que ocurría fuera. Todo colocado en perfecta posición denotaba una sensación de orden y concordancia. Un pasillo ancho y extremadamente largo, hacía que pareciera ante mis ojos que no tenía fin. Allí, se respiraba historia, pues los cromos distribuidos por aquellas paredes abarcaban desde el siglo XVI hasta finales del siglo XX. Al entrar allí, definitivamente había comprado un billete de vuelta al pasado sin retorno.

Jesús Mª Martínez llegó puntual a nuestra cita, parecía contento por poder contar una vez más la vida de aquellos cromos. Yo aún no había articulado ninguna pregunta, pues empezamos a caminar por la exposición haciendo únicamente el ejercicio de observar y contemplar con detenimiento la belleza de aquel lugar. Contestaba cada pregunta con detenimiento y apreciando los detalles de cada obra. En algunas ocasiones sus ojos se iluminaban recordando anécdotas de su infancia en la que los cromos habían estado presentes. La pasión y dedicación de Jesús María Martínez al relatar aquellas historias fue el detonante que me hizo comprender, que sería una entrevista más que interesante, enriquecedora.

María Vecina. ¿Cuándo comienza a plantearse la idea de hacer una exposición como esta?
Jesús María Martínez. Esto de los Efímeros empieza hace 25 años cuando empiezo a formar colecciones de materiales que sirvieran, siempre he tenido un componente pedagógico bastante fuerte en mí, entonces pensé que había que recuperar materiales que ahora mismo estaban poco visibles y que había que darles una nueva vida y, sobre todo, que había que investigar sobre ellos. Y todo eso dentro de un planteamiento global, es decir que nos permitiera ver pliegos de aleluyas, revistas, cuadernillos, tebeos… Es decir, que te diera una sensación de qué es lo que se estaba haciendo entonces.

MV. Como la exposición está hecha de forma cronológica, ¿Cómo ha conseguido encontrar cromos de fechas tan antiguas?
JMM. El tema cronológico en este tipo de materiales es complicado por una razón muy simple, en muchos de ellos no hay referencias ni de fechas ni de editores. En otros sí, aunque incompletos. Por ejemplo, en este caso se hace en torno a al año 1876 (señala una de las piezas). Intento acceder a la cronología de los cuentos por datos complementarios que tienes que buscar. Otro ejemplo, en este cuento que tiene un papel de color verde está indicando que es partir de los años 70/75, ya que es cuando se empieza a editar en papel de colores. Por eso ya sabes que este pliego es de ahí en adelante. En otros casos tienes aportaciones de los propios contenidos, hay uno de una colección en la que estoy trabajando ahora que se llama El País de las Monas. Bueno pues está claro que esa publicación se hizo en ese margen del 71 en adelante, por lo tanto, ahí ya tienes un elemento de cronología.

MV. ¿Cuánto tiempo ha tardado en conseguir todos estos cromos para montar una exposición tan rica?
JMM. El tiempo, la cantidad, lo que tienes, lo que dejas de tener es siempre aleatorio. ¿Qué colecciones me faltan? Pues no lo sé. Porque hay muchas de ellas que ni las conozco, ni sé que existen. Otras sí, otras tienes referencias de que se publicaron y son difíciles de encontrar. Entonces o bien en ferias o bien de coleccionistas vas consiguiendo materiales que te van permitiendo tener, por lo menos, lo que tú quieres. Porque si te fijas aquí todo está enfocado al mundo de la literatura infantil y juvenil. Dentro de lo que es este contexto de impresos de efímeros, la cantidad de variedad y temáticas que hay es enorme.

MV. ¿Cuál de todas ellas diría que es su favorita o a la que más aprecio le tiene?
JMM. Ninguna. Mi vinculación con una pieza concreta está en la tercera vitrina. Este tipo materiales que encontramos en esta pieza tienen valor histórico. La vinculación que tienes con algunos materiales tuyos hace que le tengas un cariño especial (subimos unas escaleras donde muestra una vitrina con la colección). Hay distintos tipos de cromos de entre los años 20 y 30 antes de la guerra. Los hay también en celuloide. Y esta es la vinculación por ejemplo entre un cromo de la guerra de Cuba y un cromo de la infancia con el que he jugado yo cuando era pequeño. Con este tipo de cromos jugábamos a un juego muy especial y muy concreto. Tan concreto que el desgaste y el resultado final del juego como ves es el mismo en los dos. ¿Porqué? Por qué el juego es el mismo. Es decir, en los años 60 jugábamos con estos cromos y un niño 40 años antes jugaba exactamente igual al mismo juego. Esa vinculación que hay a veces entre los objetos como en este caso es lo que hace que tenga un contenido distinto.

MV. Eso te hace pensar que, aunque ha pasado el tiempo, ¿la gente sigue jugando con lo mismo verdad?
JMM. Sí, pero se ha perdido mucho. Ten en cuenta que nosotros jugábamos con estos cromos y los niños a los que hacemos referencia también. Aquí hay distintos tipos de cromos: los que se tienen para guardar y los que se tienen para jugar. Ese concepto de conservar para consultar, para deleitarse contemplando aquello o para leer las historias. Los niños realmente jugábamos con estos, ¿Por qué? Porque estos no tenían valor, estos son los cromos que se estropean, pero son los que se juegan. Entonces el que un cromo tenga este aspecto quiere decir que es un cromo jugado, que tiene vida y tiene una historia. Si te encuentras otros como estos lo único que demuestran es que han sido guardados y conservados, pero no tienen tanta vida.

MV. Aquí podemos encontrar que la exposición está dividida en diferentes tipos y sectores, ¿cómo están organizados?
JMM. La exposición se divide en cuatro porque está respondiendo a un relato y un criterio he planteado. La primera parte son los efímeros, la segunda parte son los aleluyas y estos a su vez, cambian a los cromos. Los niños lo que hacían era, recortar cada una de las viñetas y jugar con ellas. ¿Cómo? Pues en distintos tipos. Este es el origen del mundo de los cromos que viene después. Primero eran una especie de papelitos de colores que hacían de cromos, pero después sí que se acaban transformando en cromos de verdad. Por lo tanto, el cromo pasa por estas tres fases: efímeros, aleluyas y finalmente su paso y transformación en los cromos.

MV. Ha hecho usted más exposiciones a parte de esta, ¿qué destacaría en particular de ésta respecto a las demás?
JMM. Lo peculiar que tiene son los contextos de literatura infantil y juvenil, acotado en soportes y formatos distintos. Cuando en el año 2016 me encontré con el equipo de Cepli en Valladolid, le propuse hacer algo en este mundo de los efímeros, en el mundo de lo perecedero. En este caso, el reto de los cromos, porque había mucho contenido y no se había trabajado aún. Además, era estéticamente muy visual para el público por los colores que tiene y por su atractivo personal. Ese, digamos que es el valor importante que tiene esta exposición.

MV. Y de toda la exposición, ¿sabría contabilizar más o menos la cantidad de cromos que ha conseguido coleccionar?
JMM. Eso es complicado, y tampoco es importante, lo realmente importante es lo que te estén transmitiendo. Es decir, que tipo de cuentos hay, qué relación hay entre ellos, qué tipo de editores hay detrás de ellos y quienes participan en la creación de esos dibujos. Cómo cromos procedentes del siglo XIX pasan a los años 20 y 30… eso es más relevante. Las cantidades a veces no son importantes, aunque también te diré que son muchos.

 

Textos de María Vecina y fotos de Alex Basha

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